Guerra y Paz
Guerra y Paz —Mal asunto— dijo para sÃ. —¿Qué dinero ha quedado en la bolsa?— preguntó a Rostov.
—Siete monedas nuevas y tres viejas.
—¡Mal asunto! ¿Qué haces ahÃ, mamarracho? ¡Di al sargento que pase!— gritó DenÃsov a Lavrushka.
—DenÃsov, hazme el favor de aceptar algún dinero, yo tengo— dijo Rostov ruborizándose.
—No, no me gusta tomar prestado de los amigos— refunfuñó DenÃsov.
—Si no aceptas este dinero, como buen amigo, me ofenderé. Yo no lo necesito, te lo aseguro— repitió Rostov.
—Te digo que no— y DenÃsov se acercó a la cama para sacar la bolsita debajo de la almohada.
—¿Dónde la has puesto, Rostov?
—Debajo de la segunda almohada.
—Pues no está.
DenÃsov tiró las dos almohadas al suelo. La bolsa no aparecÃa.
—¡Qué raro!
—Espera, ¿no se te habrá caÃdo?— Rostov cogió las almohadas una tras otra y las sacudió.
Lo mismo hizo con la colcha, pero la bolsa no aparecÃa.
—¿Habré olvidado dónde la puse? Pero no, hasta pensé que la colocabas bajo tu cabeza como si fuese un tesoro— dijo Rostov. —La puse aquÃ, ¿sabes?