Guerra y Paz
Guerra y Paz —¡Y tú, mala bestia, muévete y busca!— gritó de pronto DenÃsov frenético, echándose con gesto amenazador sobre el asistente. —¡Encuentra la bolsa o te haré azotar hasta que mueras! ¡Os azotaré a todos!
Rostov, sin mirar a DenÃsov, se abotonó la guerrera, tomó el sable y se puso la gorra.
—¡Te digo que encuentres la bolsa!— gritaba DenÃsov, sacudiendo por los hombros a su asistente y empujándolo contra la pared.
—Déjalo, DenÃsov. Yo sé quién la ha cogido— dijo Rostov, acercándose a la puerta sin levantar los ojos.
DenÃsov se detuvo; reflexionó un instante y, comprendiendo a quién aludÃa Rostov, lo retuvo del brazo.
—¡TonterÃas!— y las venas del cuello y la frente se le tensaron como cuerdas. —Te digo que te has vuelto loco, no lo permitiré. La bolsa está aquÃ, arrancaré el pellejo a este canalla y aparecerá.
—Sé quién la ha cogido— repitió Rostov con voz temblorosa, acercándose a la puerta.
—Y yo digo que no te atrevas— gritó DenÃsov, lanzándose tras el cadete para impedirle salir.
Pero Rostov se deshizo de él con el mismo furor con que rechazarÃa a su peor enemigo y lo miró fijamente a los ojos.