Guerra y Paz
Guerra y Paz —¡Qué va a pensar la gente, Dios mÃo!— balbuceaba Telianin, cogiendo su gorra y dirigiéndose hacia un cuartito vacÃo. —Debemos tener una explicación…
—Sé bien lo que digo y puedo probarlo— dijo Rostov.
—Yo…
Temblaba todo el rostro pálido y asustado de Telianin; sus ojos vagaban más que nunca, pero miraban al suelo, sin levantarse hasta el rostro de Rostov; el cadete lo oyó sollozar.
—¡Conde!… No arruine mi vida, soy joven… Ahà tiene ese maldito dinero… tómelo— y lo arrojó sobre la mesa. —Mi padre es ya viejo… mi madre…
Rostov tomó el dinero, evitando la mirada de Telianin, y sin decir una palabra se dirigió a la puerta; pero ya a punto de salir se volvió al teniente:
—¡Dios mÃo!— dijo con los ojos llenos de lágrimas. —¿Cómo ha podido hacer una cosa asÃ?
—¡Conde!— dijo Telianin acercándose a él.
—¡No me toque!— exclamó Rostov retrocediendo. —Si necesita dinero, tómelo.
Y arrojándole la bolsa, salió de la hostelerÃa.