Guerra y Paz
Guerra y Paz —¡Qué desgracia!… ¿Dice que la acción es decisiva? Pero Mortier no ha sido hecho prisionero.
Se detuvo a pensar.
—Estoy muy contento de que haya traÃdo buenas noticias, aun cuando la victoria se hubiera conseguido al precio elevadÃsimo de la muerte de Schmidt. Su Majestad deseará seguramente verlo, pero no hoy… Gracias, vaya a descansar. Esté presente mañana al paso de Su Majestad, después del desfile. De todas maneras, le avisaré.
La sonrisa estúpida, que habÃa desaparecido durante sus palabras, volvió al rostro del ministro.
—Hasta la vista. Le estoy muy agradecido. Seguramente el Emperador deseará verlo— repitió, inclinando la cabeza.
A la salida del palacio el prÃncipe Andréi sintió desvanecerse todo el interés y la alegrÃa nacidos con la victoria; los habÃa dejado en las manos indiferentes del ministro de la Guerra y de su cortés ayudante. Todas sus ideas habÃan cambiado de pronto y la batalla no era más que un recuerdo lejano y remoto.