Guerra y Paz
Guerra y Paz —Nikóleñka, ¿vienes a casa de Joguel? Ven, te ha invitado especialmente; también va Denísov— dijo Natasha.
—¿Adónde no iría yo si me lo ordenara la condesa?— bromeó Denísov, que hacía ahora de caballero de Natasha. —Estoy dispuesto a bailar hasta el pas de châle.
—Si tengo tiempo… Me comprometí con los Arjárov, que dan una velada— dijo Nikolái. —¿Y tú?— preguntó a Dólojov. Apenas hubo pronunciado esas palabras comprendió que eran inoportunas.
—Sí, quizá…— replicó fríamente y de mal humor Dólojov, volviendo sus ojos hacia Sonia; después, frunciendo el ceño, miró a Nikolái lo mismo que había mirado a Pierre en el banquete del club.
“Algo ha sucedido”, pensó Rostov. Y su recelo pareció confirmarse al ver que Dólojov se retiraba inmediatamente después de terminada la cena. Llamó a Natasha y le preguntó qué había sucedido.
—Te andaba buscando— y Natasha se acercó corriendo a él. —Ya te lo dije y tú no querías creerme— añadió con aire triunfal. —Se ha declarado a Sonia.