Guerra y Paz
Guerra y Paz —Nada; dame mi libro— contestó el viajero.
El criado obedeció y el libro le pareció a Pierre de contenido religioso. El viajero se sumergió en la lectura. Pierre no dejaba de mirarlo. Inesperadamente, el anciano apartó el libro, señaló la página y lo cerró; volvió a entornar los ojos, se apoyó en el respaldo y tomó la posición de antes. Pierre lo observaba atentamente; pero antes de que tuviera tiempo de volverse, el viejo abrió los ojos y fijó una mirada severa y resuelta en su rostro.
Pierre se sintió confuso: querÃa rehuir aquella mirada, pero los brillantes ojos del anciano lo atraÃan de modo irresistible.