Guerra y Paz

Guerra y Paz

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pierre retiró los pies de la mesa, se levantó y se tumbó en la cama preparada para él. De vez en cuando miraba al viajero, quien, con aire cansado y sombrío, sin fijarse en Pierre, se despojaba pesadamente de la ropa con ayuda de su criado. Cuando quedó tan sólo con un chaquetón forrado de nanquín y altas botas de fieltro que cubrían sus piernas delgadas y huesudas, se sentó en el diván y, apoyando en el respaldo su voluminosa cabeza de cabellos recortados y anchas sienes, miró a Bezújov. Llamó la atención de Pierre la expresión severa, inteligente y penetrante de aquella mirada. Sintió deseos de entablar conversación con su compañero, pero cuando se disponía a dirigirse a él, a propósito del camino, el anciano había cerrado ya los ojos y unido las rugosas manos, en uno de cuyos dedos llevaba un anillo de hierro con la efigie de Adán; permanecía inmóvil, descansando o reflexionando profundamente, según le pareció a Pierre. El criado del viajero era un viejecito amarillento y lleno de arrugas, sin bigote ni barba, y no porque se afeitara sino porque nunca le crecieron. Sacó, diligente, las provisiones, dispuso la mesa para el té y trajo el samovar hirviendo; cuando todo estuvo listo, el viajero abrió los ojos, se acercó a la mesa, se sirvió un vaso y puso otro para el lampiño criado. Pierre, algo inquieto, sintió que era necesario, inevitable, entablar conversación con el viajero. El criado trajo su vaso vacío sobre un plato y un pedacito de azúcar mordisqueado y preguntó si deseaba algo más.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker