La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich En ese preciso instante Iván Ilich se precipitó en el fondo del agujero, vio la luz y descubrió que su vida no había sido como habría debido ser, pero que aún estaba a tiempo de remediarlo. Se preguntó cómo debería haber sido, y a continuación guardó silencio y se quedó escuchando. Entonces se dio cuenta de que alguien le estaba besando la mano. Abrió los ojos y vio a su hijo. Y sintió pena de él. También se acercó su mujer. Iván Ilich la miró. Con la boca abierta y las lágrimas cayéndole por la nariz y las mejillas, lo contemplaba con expresión desesperada. Iván Ilich sintió pena también de ella.
«Sí, los estoy atormentando —pensó—. Les da pena, pero estarán mejor cuando haya muerto». Hizo intención de pronunciar esas palabras, pero no tuvo fuerzas para articularlas. «Además, ¿para qué hablar? Lo que hay que hacer es actuar», pensó. Señaló al hijo con la mirada y le dijo a su mujer:
—Llévatelo… Me da pena… También de ti…
Quiso añadir la palabra «disculpa», pero en lugar de eso dijo «culpa», y, como ya no tenía fuerzas para corregirse, hizo un gesto con la mano, sabiendo que quien debía entenderlo lo entendería.
