La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich De pronto una fuerza le golpeó en el pecho y en el costado, su respiración se hizo aún más afanosa, se hundió en el agujero, y una vez allÃ, en lo más hondo, brilló una lucecita. Era la misma sensación que habÃa tenido a veces viajando en tren: creÃa ir hacia delante cuando en verdad iba hacia atrás, y de repente se daba cuenta de la verdadera dirección.
«SÃ, nada ha sido como deberÃa haber sido —se dijo—, pero no importa. De todos modos, se puede hacer lo que se debe. No obstante ¿en qué consistirá eso?», se preguntó, y de improviso dejó de gritar.
Tal novedad se produjo al final del tercer dÃa, una hora antes de morir. En ese mismo momento el hijo se deslizó sin hacer ruido en la habitación de su padre y se acercó al lecho. El moribundo seguÃa gritando desesperado y agitaba los brazos. Una de las manos fue a caer sobre la cabeza del muchacho. Y este se la cogió, la apretó contra sus labios y se echó a llorar.
