La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich Guerásim obedeció. Le levantó las piernas otra vez y las puso sobre el cojÃn. E Iván Ilich se sintió de nuevo mejor mientras el criado realizaba esa operación. Pero una vez con las piernas bajadas, le pareció que se sentÃa peor.
—Guerásim, ¿estás ocupado ahora? —le preguntó.
—En absoluto, excelencia —respondió el criado, que habÃa aprendido de la gente de ciudad a hablar con los señores.
—¿Qué más tienes que hacer?
—¿Qué más tengo que hacer? Ya lo he hecho todo, solo me queda partir la leña para mañana.
—Entonces ¿puedes sostenerme los pies en alto?
—Pues claro.
Guerásim hizo lo que su amo le pedÃa, y este tuvo la impresión de que en esa posición no sentÃa dolor.
—¿Y qué hacemos con la leña?
—No se preocupe. Tengo tiempo de sobra.
Iván Ilich ordenó a Guerásim que se sentara y siguiera sosteniéndole los pies en alto, y se puso a hablar con él. Y, cosa extraña, le parecÃa que se encontraba mejor asÃ.

