La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich Entra, besa a su marido e inmediatamente se esfuerza en convencerlos de que lleva ya un buen rato levantada y añade que si no estaba allí cuando ha llegado el médico ha sido por culpa de un malentendido.
Iván Ilich la mira de la cabeza a los pies, y en sus ojos se advierte un reproche mudo por la blancura, lozanía y pulcritud de sus manos y de su cuello, por el lustre de sus cabellos y el brillo de sus ojos llenos de vida. La odia con todas las fuerzas de su alma. Y esa avalancha de odio hace que cualquier contacto con ella le cause un profundo sufrimiento.
La actitud de Praskovia Fiódorovna hacia Iván Ilich y su enfermedad sigue siendo la misma. De igual manera que el médico ha adoptado frente a su paciente un comportamiento del que no puede prescindir, ella se ha ido creando una postura ante su marido —si no hacía algo que debería haber hecho y era culpa suya, se lo reprochaba cariñosamente— y no podía renunciar a ella.
—¡Es que no escucha a nadie! No toma las medicinas a su hora. Y, sobre todo, se tumba en una postura que probablemente le resulta perjudicial: con los pies en alto.
Y entonces contó cómo obligaba a Guerásim a sostenerle los pies en alto.