La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich El médico esbozó una sonrisa entre tierna y desdeñosa, como diciendo: «Qué le vamos a hacer, a los enfermos se les ocurren a veces tonterías de ese tipo; es disculpable».
Cuando concluyó el examen de su paciente, el médico echó un vistazo al reloj, y entonces Praskovia Fiódorovna anunció a Iván Ilich que, lo quisiera o no, había invitado a un reputado médico a que los visitara ese mismo día para que lo examinara y celebrara una consulta con Mijaíl Danílovich (así se llamaba el médico habitual).
—Y no te resistas, por favor. Lo hago por mí misma —dijo con ironía, dando a entender que hacía todo eso por él y que por tanto no tenía derecho a contradecirla. Iván Ilich guardó silencio y frunció el ceño. Se daba cuenta de que esa mentira que le rodeaba se había embarullado tanto que apenas era ya posible sacar algo en limpio.
Todo lo que Praskovia Fiódorovna hacía por su marido lo hacía en realidad por sí misma, así que en el fondo decía la verdad cuando afirmaba tal cosa, pero ella pensaba que era algo tan inverosímil que Iván Ilich debía entenderlo al revés.