Resurrección
Resurrección Katiusha tenía mucho trabajo en la casa, pero le daba tiempo a hacerlo todo, y en los momentos libres se dedicaba a leer. Nejliúdov le dejó obras de Dostoievski y Turguéniev, que él mismo acababa de leer. La preferida de Katiusha fue Remanso de paz, de Turguéniev. La conversación entre ellos se sucedía de forma intermitente: en los encuentros del pasillo, el balcón, el patio y, a veces, en la habitación de la vieja doncella Matriona Pávlovna, con quien vivía Katiusha, y a donde iba con frecuencia Nejliúdov a beber té. Estas conversaciones, en presencia de María Pávlovna, eran las más agradables. Hablar cuando se encontraban a solas les resultaba más violento. Enseguida, los ojos expresaban algo totalmente distinto, mucho más importante de lo que decían las palabras, se les fruncían los labios, estableciéndose una sensación molesta y se apresuraban a separarse.