Resurrección
Resurrección Las relaciones entre Nejliúdov y Katiusha se prolongaron durante el tiempo que permaneció en casa de sus tías. Éstas se dieron cuenta de lo que sucedía, se asustaron e incluso escribieron sobre el particular a la princesa Elena Ivánovna, madre de Nejliúdov. María Ivánovna tenía miedo de que Dimitri se relacionara íntimamente con Katiusha. Pero su temor era inútil: Nejliúdov —ignorando aquello— amaba a Katiusha como aman los hombres inocentes y su amor era la mejor defensa contra una caída, tanto para él como para ella. No sólo no sentía ningún deseo físico de poseerla, sino que le horrorizaba la idea de tener con ella tales relaciones. El temor poético de Sofía Ivánovna de que Dimitri, con su carácter entero y decidido, enamorado de la muchacha quisiera casarse con ella, sin hacer caso de su procedencia y condición, tenía mucho más fundamento.
Si Nejliúdov se hubiera dado cuenta claramente de su amor hacia Katiusha y, sobre todo, si entonces hubiesen tratado de convencerle de que no podía ni debía unir su destino a tal muchacha, podía haber sucedido —dado su recto proceder en todo— que decidiese que no existían motivos para no hacerlo, si la amaba. Pero las tías no le hablaron de sus temores y se marchó sin darse cuenta del amor que sentía por la muchacha.