Resurrección
Resurrección AsÃ, cuando Nejliúdov pensaba, leÃa o hablaba de Dios, de la verdad, la riqueza o la pobreza, quienes le rodeaban consideraban esto un despropósito y en parte ridÃculo, y su madre y sus tÃas le llamaban con bondadosa ironÃa notre cher philosophe;[11] en cambio, cuando leÃa novelas, contaba anécdotas escabrosas, asistÃa al teatro francés a frÃvolos vodeviles que relataba jovialmente, todos le alababan animándole a seguir asÃ. Cuando consideraba necesario restringir los gastos y llevaba un viejo abrigo y no bebÃa vino, todos veÃan en esto una excentricidad y cierto alarde de originalidad; si gastaba mucho dinero en cacerÃas o en amueblar con extraordinario lujo su despacho, todos alababan su buen gusto y le hacÃan valiosos obsequios. Cuando pretendÃa ser casto hasta el matrimonio, su familia temÃa por su salud; y su madre ni siquiera se afligió, sino más bien se alegró al saber que se habÃa convertido en hombre y le habÃa quitado cierta dama francesa a un amigo. En cuanto al asunto de Katiusha —con la que podÃa haber querido casarse— la madre no pensaba en ello sin horrorizarse.