Resurrección
Resurrección En el vestÃbulo apareció SofÃa Ivánovna, con un vestido de seda y un gorrito.
—¡Qué bien has hecho en venir! —exclamó SofÃa Ivánovna, besándole—. Máshenka se encuentra indispuesta. Se cansó en la iglesia. Hemos ido a confesarnos.
—La felicito, tÃa —decÃa Nejliúdov, mientras besaba la mano de SofÃa Ivánovna—. Perdone, la he mojado.
—Vete a tu habitación. Estás calado. ¡Pero si ya tienes bigote! ¡Katiusha! ¡Katiusha! Pronto, sirve café.
—¡Enseguida! —respondió una voz conocida y agradable, desde el pasillo.
El corazón de Nejliúdov latió de alegrÃa. «¡Está aquÃ!» Era como si el sol surgiera entre las nubes. Nejliúdov, acompañado de Tijón, fue alegremente a su habitación de siempre para cambiarse de ropa.
Nejliúdov tenÃa ganas de preguntar a Tijón acerca de Katiusha: ¿qué era de ella?, ¿qué vida hacÃa?, ¿no se casaba? Pero Tijón era tan respetuoso y al mismo tiempo tan severo, insistÃa tanto en echar el agua en las manos de Nejliúdov, que no se atrevió a preguntar sobre Katiusha. Se limitó a preguntar por sus nietos, por el viejo caballo y el perro Polkán. Todos estaban vivos y bien, menos Polkán, que habÃa rabiado el año anterior.