Resurrección
Resurrección Nejliúdov permanecía allí, la miraba a la vez que oía involuntariamente los latidos de su propio corazón y los extraños sonidos que llegaban desde el río, entre la niebla, con incansable y lento trabajo, y que se oían como un ronquido, o como un chasquido, o sonaban como cristal las finas capas de hielo.
Permanecía allí contemplando la cara pensativa y atormentada de Katiusha, y sintió lástima de ella; pero, cosa extraña, esa lástima sólo aumentaba el deseo de poseerla.