Resurrección
Resurrección La cogió en brazos, tal como estaba con un camisón de tela basta sin mangas, la levantó y la llevó.
—¡Ay! ¿Qué hace usted? —susurraba.
Pero sin hacer caso a sus palabras, la llevó a su habitación.
—¡Ay! ¡No! ¡Déjeme! ¡Déjeme! —decía, pero al mismo tiempo se apretaba contra él.
… … … … … … … … … … … … … … … … … … … …
Cuando Katiusha, trémula y silenciosa, sin contestar nada a sus palabras, se marchó de la habitación, Nejliúdov salió a la escalinata y se detuvo, tratando de comprender el significado de lo que acababa de ocurrir.
Empezaba a clarear. Abajo, en el río, los chasquidos, el sonido y el rumor del hielo se habían reforzado con el ruido del agua. La niebla empezó a descender y a través de la cortina que había formado surgió la luna en cuarto menguante, iluminando de un modo lóbrego algo negro y espantoso.
«¿Qué ha sido esto? ¿Ha sido mi gran felicidad o mi gran desgracia?», se preguntó. «Siempre es así, todo es así», se dijo, y se marchó a dormir.