Resurrección

Resurrección

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

XVIII

Al otro día, el brillante y alegre Shembok vino a buscar a Nejliúdov a casa de sus tías. Fascinó a éstas con su elegancia, galantería, esplendidez, alegría y cariño hacia Dimitri. Aunque su generosidad gustó mucho a las tías, sin embargo les produjo cierta confusión por lo exagerada. A un pobre ciego que había venido a pedir le dio un rublo; repartió quince rublos de propina a los criados, y cuando Suzetka, la perrita de lanas de Sofía Ivánovna, se había lastimado delante de él una pata hasta sangrar, sin pensarlo ni un minuto rompió su pañuelo de batista bordada —Sofía Ivánovna sabía que esos pañuelos costaban no menos de quince rublos la docena—, para convertirlo en vendas para Suzetka. Las tías nunca habían visto ni conocido gente así, y no sabían que Shembok tenía una deuda de doscientos mil rublos. Deuda —él lo sabía— que no se pagaría nunca, y por eso veinticinco rublos más o menos no tenían la menor importancia.

Shembok pasó sólo un día en la finca, y a la noche siguiente se marchó con Nejliúdov. No podían quedarse más, porque había llegado el momento límite para presentarse en el regimiento.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker