Resurrección
Resurrección En el alma de Nejliúdov, aquel último día pasado en casa de sus tías, cuando todavía estaba reciente el suceso de la noche anterior, se debatían dos sentimientos: el recuerdo ardiente del amor carnal que, aunque no le había proporcionado lo que esperaba, le satisfacía por haber conseguido su propósito, y el tener conciencia de que había obrado muy mal y que era preciso repararlo, no por ella, sino por sí mismo.
En el estado de total egoísmo en que se encontraba, Nejliúdov sólo pensaba en sí mismo. Pensaba hasta qué punto le censurarían, si llegaban a enterarse de cómo había procedido con Katiusha, pero no en lo que pudiera sentir la muchacha ni en lo que iba a ser de ella.
Creía que Shembok había adivinado sus relaciones con Katiusha, y esto halagaba su amor propio.
—Ya, ya, comprendo por qué de pronto has empezado a querer tanto a tus tías —le dijo Shembok, al ver a Katiusha— y que lleves viviendo aquí una semana. En tu lugar, yo tampoco me hubiera marchado. ¡Es una maravilla!