Resurrección
Resurrección —¿Qué opinión tenÃa usted de Máslova? —preguntó el defensor de Máslova designado por el Tribunal, ruborizándose y encogiéndose.
—Inmejorable —contestó Kitáieva—, es una muchacha culta y distinguida. Ha sido educada en una buena familia, y podÃa leer en francés. BebÃa un poco más de la cuenta, pero no discutÃa nunca. Una muchacha completamente buena.
Katiusha miraba a la patrona, pero luego, de pronto, desvió la mirada hacia los jurados y la detuvo en Nejliúdov; su rostro se puso serio y hasta severo. Uno de sus ojos bizqueaba. Durante bastante tiempo, esos ojos de extraño mirar se fijaron en Nejliúdov. Y a pesar del pánico que le habÃa invadido, Nejliúdov no pudo apartar su mirada de esas pupilas bizcas, con el blanco del ojo muy brillante. Recordó aquella terrible noche, con el chasquido del hielo, la niebla y, sobre todo, aquella luna menguante, colocada al revés, que se habÃa empezado a ocultar en la madrugada e iluminaba algo negro y horrible. Esos ojos negros que le miraban y miraban por encima de él le recordaban ese algo negro y horrible.