Resurrección
Resurrección «¡Me ha reconocido!», pensó. Y Nejliúdov se encogió, como esperando un golpe. Pero no fue así. Suspiró tranquila y volvió a mirar al presidente. Nejliúdov suspiró también. «¡Ay, ojalá termine esto pronto!», pensó. Experimentaba ahora la misma sensación que cuando iba de caza, y era preciso rematar el ave herida: le resultaba desagradable, le daba pena y le producía despecho. El ave herida se debatía en el morral: le daba asco y lástima, y quería rematarla enseguida y olvidar.
Nejliúdov ahora experimentaba esta mezcla de sentimientos, mientras escuchaba las declaraciones de los testigos.