Resurrección
Resurrección El presidente hablaba y a su lado los jueces escuchaban con expresión ensimismada, y de vez en cuando consultaban sus relojes, encontrando que su discurso, aunque muy bueno, es decir, tal como debía ser, resultaba un poco largo. De la misma opinión era el sustituto del fiscal y todos los presentes en la sala. El presidente terminó el resumen.
Parecía que todo estaba dicho. Pero el presidente no podía de ningún modo apartarse de su derecho de hablar —tanto le agradaba escuchar las inflexiones persuasivas de su propia voz— y consideró necesario añadir algunas palabras sobre la importancia del derecho que se concedía a los jurados, y de que debían utilizar este derecho con atención y cuidado y no extralimitarse. Les recordó que habían prestado juramento, que representaban la conciencia de la sociedad y que el secreto de las deliberaciones debe ser sagrado, etc.
Desde el momento en que el presidente empezó a hablar, Máslova le miraba sin apartar de él los ojos, como si temiera perder una sola palabra. Por eso Nejliúdov, no temiendo encontrarse con los ojos de Máslova, no dejaba de observarla.