Resurrección
Resurrección Y en su imaginación acontecÃa lo que sucede generalmente cuando se vuelve a ver el rostro de una persona querida que no se ha visto en muchos años. Al principio, extrañan los cambios exteriores producidos durante la ausencia, pero, poco a poco, se van haciendo exactamente iguales a como eran tiempo atrás, desaparece el pasado y ante los ojos del alma surgen únicamente la expresión exclusiva y sin par de la individualidad espiritual.
Esto era lo que le sucedÃa a Nejliúdov. SÃ, a pesar del guardapolvo de presidiaria, de su ensanchado cuerpo y desarrollado busto; a pesar de tener abultada la parte inferior de su cara, de las arrugas en la frente y sienes y de las bolsas de sus ojos era, indudablemente, la misma Katiusha que una noche de Pascua de Resurrección le habÃa mirado con tanta inocencia a él, al hombre amado, con ojos enamorados, risueños de alegrÃa y rebosantes de vida.
«¡Y qué extraña casualidad! Cómo es posible que esta causa haya de juzgarse precisamente en la sesión donde soy jurado, y que yo, que no la he encontrado en ninguna parte durante diez años, la haya encontrado aquà ¡en el banquillo de los acusados! ¿En qué acabará todo esto? ¡Que sea pronto, Dios mÃo, que sea pronto!»