Resurrección
Resurrección SeguÃa sin rendirse al arrepentimiento que, poco a poco, iba apoderándose de él. Se imaginaba que era una simple casualidad, que pasarÃa sin quebrantar su vida. Se sentÃa como un cachorro que ha ensuciado en una habitación y al que su amo coge por el cuello y le mete el hocico en la porquerÃa. El cachorro chilla, se arrastra hacia atrás, para retirarse lo más lejos posible de lo que ha hecho y olvidarlo, pero el amo es inflexible y no lo suelta. Asà Nejliúdov sentÃa toda la vileza cometida, la poderosa mano del amo que le agarraba, pero sin llegar a comprender todo su significado y sin reconocer al amo. Le costaba trabajo creer que lo que tenÃa delante de él era obra suya. Pero una implacable e invisible mano le sujetaba y presentÃa que no podrÃa escabullirse —aun envalentonándose, según costumbre—; cruzó las piernas, jugueteó con las gafas negligentemente, y con una postura de aplomo permaneció sentado en el segundo sillón de la primera fila. No obstante, en lo más profundo de su alma reconocÃa toda su crueldad, su vileza y la bajeza de aquel acto, asà como su vida ociosa. Aquella horrible cortina que, como por milagro, ocultó durante doce años su crimen y toda su vida posterior, empezaba a moverse y, de forma intermitente, le permitÃa ver lo que habÃa al otro lado.