Resurrección
Resurrección —SÃ…, bueno. Por poco me duermo.
—Lo principal del caso, es que los criados no podÃan conocer la existencia del dinero si Máslova no estuviera de acuerdo con ellos —dijo el dependiente de tipo hebreo.
—Entonces, según usted, ¿es ella la que robó? —preguntó uno de los jurados.
—¡No lo creo por nada del mundo! —chilló el comerciante bondadoso—. Todo lo ha hecho esa bruja de ojos pitarrosos.
—Buenos son todos —intervino el coronel.
—Pero ¡si dice que no ha entrado en la habitación!
—Y usted lo cree. Yo a esa bruja no le creerÃa en la vida.
—Y eso, ¿qué?, no basta con que usted no lo crea —dijo el dependiente.
—La Máslova tenÃa la llave.
—¿Y qué significa que la tuviera? —intervino el comerciante.
—¿Y el anillo?
—Ya lo dijo —volvió a gritar el comerciante—: el comerciante era violento y encima estaba borracho, y la pegó. Bueno, luego ya se sabe, le dio lástima. Toma hija, no llores. Era un hombre asÃ, lo he oÃdo yo: ¡doce vershkà y unos ocho pud![18]