Resurrección
Resurrección Incluso en el patio de la cárcel se respiraba el aire puro y vivificante de los campos, traído por el viento a la ciudad. Pero el aire del corredor, pesado, hediondo, impregnado de olor a brea y podredumbre, llenaba de tristeza inmediatamente a todo el que llegaba. Pese a estar acostumbrada al aire viciado, la carcelera que llegó del patio experimentó la misma sensación. De pronto, al entrar en el corredor, se sintió cansada y le entraron ganas de dormir.
En la sala se oía alboroto, voces femeninas y pisadas de pies descalzos.
—¡Muévete más deprisa, Máslova! —gritó el jefe de los carceleros a través de la puerta.