Resurrección
Resurrección —Si no me equivoco ¿es usted el prÃncipe Nejliúdov? Mucho gusto, ya nos hemos encontrado otra vez —dijo el presidente estrechándole la mano, y recordando con placer lo bien y alegremente que bailaba, mejor que todos los jóvenes, aquella noche en que se encontró con él—. ¿En qué le puedo servir?
—Se ha cometido un error en la respuesta referente a Máslova. Es inocente en lo del envenenamiento, y, sin embargo, la han condenado a trabajos forzados —dijo Nejliúdov, con reconcentrado y sombrÃo aspecto.
—El Tribunal ha dictado sentencia de acuerdo con las respuestas que han dado ustedes, precisamente —dijo el presidente avanzando hacia la puerta de salida—, aunque las respuestas le han parecido incoherentes al Tribunal.
Recordó que tenÃa que haber aclarado a los jurados que su contestación «sÃ, es culpable», sin negar la intención de matar, confirmaba el asesinato y la intención, pero que apresurándose por terminar, no lo habÃa hecho.
—SÃ, pero ¿no puede repararse la equivocación?
—Siempre se puede encontrar un motivo para la casación. Es preciso dirigirse a los abogados —dijo el presidente poniéndose el sombrero un poco ladeado, y siguiendo su camino hacia la puerta.
—Pero eso es terrible.