Resurrección
Resurrección —He sido jurado hoy y hemos condenado a una mujer inocente a trabajos forzados. Eso me atormenta.
Nejliúdov, inesperadamente para sí mismo, se puso encarnado y se turbó.
Fanarin le lanzó una mirada, bajó los ojos y siguió escuchando.
—Entonces… —dijo solamente.
—Hemos condenado a una inocente, y yo desearía casar la sentencia y trasladar el asunto a la jurisdicción superior.
—Al Tribunal Supremo —le corrigió Fanarin.
—Y he venido a pedirle que se encargue usted de eso.
Nejliúdov quería acabar cuanto antes con lo más difícil, y por eso añadió enseguida:
—Sus honorarios y todos los gastos que ocasione este asunto corren de mi cuenta, por elevados que sean —concluyó enrojeciendo.
—Bueno, ya nos pondremos de acuerdo —dijo el abogado, con una sonrisa condescendiente ante su inexperiencia.
—¿De qué se trata?
Nejliúdov le puso al corriente.