Resurrección
Resurrección —Es un juego aburridÃsimo —dijo Kolosov, refiriéndose al tenis—. Era mucho más divertido el juego de pelota de nuestra infancia.
—No, usted no conoce el tenis. Es terriblemente entretenido —replicó Missy, pronunciando la palabra «terriblemente» con afectación, según le pareció a Nejliúdov.
Empezó una discusión en la que participaron incluso MijaÃl Serguéievich y Katerina Alexéiva. Sólo la institutriz, el preceptor y los niños callaban y, al parecer, estaban aburridos.
—¡Siempre están discutiendo! —dijo el viejo Korchaguin, riéndose a carcajadas, sacando la servilleta del chaleco y haciendo ruido con la silla, que enseguida retiró el lacayo. Tras él se levantaron todos los demás y se acercaron a una mesita en la que habÃa vasos con agua tibia y perfumada y, enjuagándose la boca, continuaron aquella conversación que no interesaba a nadie.
—¿No es cierto? —preguntó Missy a Nejliúdov, pidiendo que confirmara su punto de vista de que en nada se revela tanto el carácter de la gente como en el juego.
HabÃa notado en su cara una expresión reconcentrada y, según le pareció, de censura, y quiso saber a qué se debÃa.
—Verdaderamente, no lo sé; no he pensado nunca en ello —respondió Nejliúdov.