Resurrección
Resurrección —¿Quiere ver a mamá? —preguntó Missy.
—De acuerdo —dijo sacando un cigarrillo y con un tono que decÃa claramente que no le gustarÃa ir.
Ella le miró en silencio, interrogativamente, y Nejliúdov sintió vergüenza.
«En realidad he venido a visitar a esta familia para aburrirla», pensó y, tratando de ser amable, dijo que irÃa con mucho gusto.
—SÃ, sÃ, mamá se alegrará. Allà también puede usted fumar. Iván Ivánovich también está.
La dueña de la casa, la princesa SofÃa VasÃlievna, estaba siempre acostada. HacÃa ocho años que recibÃa a sus invitados acostada entre encajes y cintas, terciopelo dorado, marfil, lacas y flores. No salÃa a ningún sitio y recibÃa, según su propia expresión, sólo a «sus amigos», es decir, todos aquellos que —a su juicio— se destacaban en algo de la multitud. Nejliúdov era recibido entre estos amigos, porque estaba considerado un joven inteligente, porque su madre era Ãntima amiga de la familia y, además, porque estarÃa bien que Missy se casara con él.
La habitación de la princesa estaba al otro lado de un salón grande y uno pequeño. En el grande, Missy, que iba delante de Nejliúdov, se detuvo bruscamente y, apoyándose en el respaldo dorado de una silla, le miró.