Resurrección
Resurrección —Qué cierto es eso —dijo acerca de alguna conversación de Kolosov, mientras tocaba el timbre que había junto al diván.
En aquel momento, el doctor se levantó. Y como una persona de la familia, sin decir nada, salió de la habitación. Sofía Vasílievna le acompañó con la mirada, continuando la conversación.
—Por favor, Filip, baje esa cortina —dijo, indicando con los ojos la ventana, cuando acudió a la llamada el apuesto lacayo—. No, usted dirá lo que quiera, pero tiene algo de místico, y sin mística no hay poesía —decía, mientras con uno de sus ojos negros vigilaba con expresión de enojo los movimientos del lacayo—. Filip, no me refiero a esa cortina, sino a la de la ventana grande —pronunció Sofía Vasílievna con expresión de sufrimiento, compadeciéndose sin duda por los esfuerzos que tenía que realizar para decir estas palabras, y enseguida, para tranquilizarse, se llevó a los labios un cigarrillo perfumado y humeante con sus dedos cubiertos de sortijas.