Resurrección
Resurrección El dinero lo había mandado Kitáieva, la dueña de la casa de tolerancia. Al marcharse del Juzgado había preguntado al ujier si podía entregar a Máslova algo de dinero. El ujier le contestó que era posible. Entonces, al obtener el permiso, se quitó el guante de gamuza con tres botones de su mano regordeta y blanca, sacó de los pliegues interiores de su falda de seda un billetero de moda, extrajo de un fajo de billetes bastante considerable —ganados en su casa— dos rublos y cincuenta cópecs, añadió otros cincuenta cópecs y se los entregó al ujier. Éste llamó al guardia y se los dio en presencia de la donante.
—Por favor, le ruego que se lo entregue como va —dijo Karolina Albértovna al guardia.
Ofendido por esa desconfianza, el guardia trató con enfado a Máslova.
Máslova se alegró al recibir el dinero, le daba la posibilidad de satisfacer el único deseo que tenía en aquel momento.