Resurrección
Resurrección —Ya lo sé, pero de todos modos me duele. No merezco esa suerte, estoy acostumbrada a vivir bien.
—No se puede ir contra Dios —pronunció Korabliova, con un suspiro—. No puedes rebelarte contra Él.
—Lo sé, Korabliova, pero es difÃcil.
Guardaron silencio unos minutos.
—¿Oyes? Es la perdida ésa —exclamó Korabliova, llamando la atención de Máslova sobre unos sonidos que se oÃan al otro extremo de los catres.
Eran los sollozos contenidos de la pelirroja. Lloraba porque la habÃan regañado, pegado y no le dieron vino, que tanto deseaba beber. Lloraba también porque en toda su vida no habÃa conocido otra cosa que injurias, burlas, ofensas y golpes. Quiso consolarse recordando su primer amor con el obrero Fedka Molodiónkov, pero al evocarlo también recordó cómo habÃa terminado. Fue un dÃa en que Molodiónkov, borracho, para gastar una broma, le untó de vitriolo su parte más sensible y luego se reÃa con sus compañeros viendo cómo se retorcÃa de dolor. Recordó esto y tuvo lástima de sà misma, y creyendo que nadie la oÃa se echó a llorar. Y lloró como los niños, sorbiendo y tragando las lágrimas amargas.
—Me da pena —dijo Máslova.
—Ya se sabe que da pena, pero que no se hubiera metido.