Resurrección
Resurrección Conocía la historia que Nejliúdov tuvo con Katiusha.
—Sí, yo soy la causa de todo. Y eso es lo que ha cambiado todos mis planes.
—¿Qué cambio puede haber para usted por esa causa? —añadió, conteniendo una sonrisa, Agrafena Petrovna.
—Éste: si soy la causa de que ella haya ido por ese camino, tengo que hacer lo posible por ayudarla.
—Demuestra buena voluntad por su parte, pero no hay en esto una culpa especial. Les ocurre a todos lo mismo y con sentido común esto se arregla, se olvida, y siguen viviendo —dijo Agrafena Petrovna con severidad y seriedad—. No tiene por qué echarse la culpa. Ya había oído yo decir hace tiempo que esa muchacha iba por mal camino. ¿Quién tiene la culpa de eso?
—Yo. Por eso quiero reparar la culpa.
—Bueno, es difícil repararlo.
—Es asunto mío. Y si le preocupa su propia situación, entonces le diré que el deseo de mamá…
—No estoy pensando en mí. La difunta me hizo tantos favores que no deseo nada. Me llama Lísenka —una sobrina suya, casada—, me iré a su casa cuando no me necesite. Pero es una lástima que tenga tantos escrúpulos. Ocurre lo mismo siempre con todos.