Resurrección
Resurrección Nejliúdov sintió deseos de contar a todos los jurados sus relaciones con la mujer procesada ayer. «En realidad —pensó—, ayer durante el juicio habÃa tenido que levantarme y explicar públicamente mi culpa.» Pero cuando con los demás jurados entró en la sala de audiencia, y comenzó el ceremonial de la vÃspera: otra vez «Audiencia pública», los tres jueces con sus togas colocados en la tarima, el silencio, los jurados sentándose en sus sillas de respaldos altos, los guardias, el retrato, el pope, comprendió que aunque debÃa haberlo hecho, no hubiera podido quebrantar aquella solemnidad.
Los preparativos para el juicio fueron los mismos de la vÃspera, con la excepción de que no se llevó al atril a los jurados para prestar juramento y el presidente no les dirigió la alocución.