Resurrección
Resurrección Pero no encontró una sola persona que se compadeciera de él mientras vivió en la ciudad, como una fierecilla, durante la época de su aprendizaje, con el pelo cortado al rape para no criar piojos y haciendo recados para su maestro; al contrario, todo lo que oía de los maestros y de compañeros desde que vivía en la ciudad, es que era un valiente el que engañaba, bebía, regañaba, peleaba y se daba a los vicios.
«Cuando ya enfermo y estropeado por un trabajo malsano, la bebida y el libertinaje, inconsciente e insensato, vagaba sin rumbo por la ciudad y debido a su estado de atontamiento se metió en una cochera y sacó de allí unas esteras que no necesitaba nadie, todos nosotros, que vivimos en la abundancia, hombres ricos e instruidos, no es que nos hayamos preocupado de destruir las causas que han conducido a este muchacho hasta su situación actual, sino que queremos arreglar las cosas con el castigo que le impongamos al muchacho.
»¡Es terrible! No se sabe si en esto hay más crueldad o más insensatez. Pero parece que una cosa y otra alcanzan su máximo grado.»
Nejliúdov pensaba todo esto sin escuchar cuanto sucedía ante él. Se horrorizó de todo cuanto se le había revelado, se extrañaba de no haberse dado cuenta antes, y de cómo los demás podían no verlo.