Resurrección
Resurrección Todo el dinero que tenía Katiusha cuando llegó a casa de la matrona eran ciento veintisiete rublos: veintisiete que había ganado y cien que le había dado su seductor. Cuando salió de aquella casa, sólo le quedaban seis rublos. No sabía ahorrar, gastaba para sí y para todos los que le pedían. La comadrona le había cobrado por dos meses de pensión —la comida y el té— cuarenta rublos y otros veinticinco rublos por llevar al niño a la inclusa. Además, le había sacado cuarenta rublos prestados para comprar una vaca. Katiusha gastó veinte rublos en vestidos y regalos, de forma que cuando se restableció no tenía dinero, y necesitaba buscar un empleo. Encontró trabajo de criada en casa de un inspector forestal. Era casado, pero lo mismo que el jefe de policía, empezó a acosar a Katiusha desde el primer día. Le resultaba repugnante, y la muchacha trataba de evitarlo. Pero era más astuto, con más experiencia que ella y, sobre todo, era el amo. Podía mandarla donde quisiera, y, en un momento propicio, aprovechó para poseerla. La mujer del inspector encontró una vez al marido en la habitación de Katiusha, y se abalanzó sobre ella para pegarla. Katiusha trató de defenderse y se organizó una pelea, a consecuencia de la cual la echaron de la casa sin pagarle. Entonces se marchó a la ciudad y se instaló en casa de una tía suya. El marido era encuadernador y había vivido bien, pero al perder a todos sus clientes se dio a la bebida. Vendía cuanto le caía en las manos para beber.