Resurrección
Resurrección Hasta aquella noche, mientras tenía esperanzas de que iba a venir, no sólo no se afligía por la criatura que llevaba bajo su corazón, sino que muchas veces se emocionaba con asombro ante los movimientos interiores suaves y, a veces, impetuosos. Pero desde aquella noche todo resultó distinto. Y el futuro niño resultó una verdadera carga.
Las tías esperaban a Nejliúdov, le pidieron que fuera, pero telegrafió diciendo que le era imposible, pues tenía que estar en San Petersburgo con fecha fija. Cuando Katiusha se enteró de ello, decidió ir a la estación para verlo. El tren pasaba de noche, a las dos. Katiusha, después de ayudar a las señoritas a acostarse, y de haber convencido a la joven Mashka —la hija de la cocinera—, se puso unas botas viejas, se echó encima un mantón, se arregló un poco y echó a correr a la estación.