Resurrección
Resurrección —¡TiÃta Mijáilovna! —gritaba la niña, que apenas podÃa alcanzarla—. ¡Se ha perdido su pañuelo!
«Él está en un vagón iluminado, sentado en un asiento de terciopelo, bromea, bebe, y yo estoy aquÃ, en el barro, en la oscuridad, bajo la lluvia y el viento. Estoy en pie, y lloro», pensó Katiusha deteniéndose y echando la cabeza hacia atrás; se la cogió con las manos y rompió en sollozos.
La niña se asustó, y abrazó a Katiusha con su vestido mojado.
—TiÃta, vámonos a casa.
«Cuando pase un tren, me arrojaré bajo las ruedas y todo habrá terminado», pensó entretanto Katiusha, sin contestar a la niña.
Decidió que asà lo harÃa. Pero de pronto, como sucede siempre en el primer momento de apaciguamiento, después de la agitación, el niño, el hijo de Nejliúdov que estaba en su seno, se agitó, se estiró armoniosamente y empezó a dar empujoncitos. Y enseguida, todo lo que un minuto antes la atormentaba tanto, produciéndole la impresión de que no podrÃa continuar viviendo, todo su odio hacia Nejliúdov y el deseo de vengarse de él por medio del suicidio, desapareció inmediatamente. Se tranquilizó, se arregló la ropa, se envolvió en el mantón y, apresurándose, se dirigió a casa.