Resurrección
Resurrección —¿Por qué no dejan entrar todavía? —preguntó Nejliúdov.
—Se está celebrando la misa. En cuanto termine, dejarán entrar.
Nejliúdov se unió a los que esperaban. Del grupo se adelantó un hombre desarrapado, con el sombrero arrugado, zapatos viejos que apenas cubrían los pies desnudos, que tenía unas rayas rojas que le cruzaban la cara, y avanzó hacia la prisión.
—¿A dónde vas tú? —gritó el centinela del fusil.
—Y tú ¿por qué chillas? —contestó el desarrapado, y sin inmutarse por la pregunta del centinela, volvió atrás—. Si no me dejas, esperaré. No tienes por qué chillar como un general.