Resurrección
Resurrección En el grupo hubo risas de aprobación. La mayoría de los visitantes estaban mal vestidos, incluso desarrapados, pero también había hombres y mujeres de indumentaria correcta. Junto a Nejliúdov se hallaba un hombre de buen color, bien afeitado, con un paquete, sin duda de ropa. Nejliúdov le preguntó si era la primera vez que venía. El hombre del paquete contestó que todos los domingos, y empezaron a hablar. Era portero de un banco; e iba a ver a su hermano, al que habían condenado por un desfalco. El buen hombre contó a Nejliúdov su historia y quiso hacerle preguntas sobre la suya, cuando atrajo la atención de ambos la llegada de un coche con llantas de goma, tirado por un caballo negro de raza. Venían en él un estudiante y una muchacha con la cara cubierta por un velo. El estudiante llevaba un gran paquete. Se acercó a Nejliúdov y le preguntó si era posible y qué había que hacer para entregar un donativo de panecillos.
—Lo hago por deseo de mi prometida. Ésta es mi novia. Sus padres nos aconsejaron que hiciéramos un donativo a los reclusos.
—Es la primera vez que vengo, y no lo sé; pero creo que debe usted preguntárselo a ese hombre —dijo Nejliúdov indicando al carcelero de los galones, sentado con el libro de notas en las manos.