Resurrección
Resurrección Máslova se volvió y, levantando la cabeza e irguiendo el busto, con esa disposición diligente que conocía Nejliúdov, se acercó a la reja, abriéndose paso entre dos reclusas. Sorprendida y sin reconocerle, clavó en Nejliúdov los ojos interrogantes. Reconociendo, sin embargo, por su indumentaria a un hombre rico, sonrió.
—¿Viene a verme? —preguntó, acercándose a la reja con su cara sonriente de ojos algo bizcos.
—Yo quería ver… —Nejliúdov no sabía cómo decir, si «a usted» o «a ti», y se decidió por lo primero. Hablaba en un tono normal—. Quería verla a usted… yo…
—¡No me saques de quicio! —gritaba a su lado el harapiento—. ¿Lo has cogido o no?
—¡Te digo que se está muriendo! ¿Qué más quieres? —vociferaba alguien al otro lado de la reja.
Máslova no podía oír las palabras de Nejliúdov, pero la expresión de su rostro mientras hablaba se lo recordó de pronto. No se creyó a sí misma. Sin embargo, la sonrisa desapareció de su rostro y su frente se cubrió de arrugas que expresaban sufrimiento.
—¡No oigo lo que dice! —gritó, frunciendo el ceño y arrugando cada vez más la frente.
—He venido…