Resurrección
Resurrección Pero, cosa rara, esto no sólo no lo apartaba de ella, sino que le empujaba todavÃa más con una fuerza especial y nueva. Se daba cuenta de que debÃa despertar su alma y de que eso era tremendamente difÃcil, pero esa dificultad le atraÃa. En aquel instante experimentaba hacia ella un sentimiento que jamás habÃa experimentado hacia nadie: no deseaba nada de ella misma para sà mismo, sólo querÃa que dejara de ser como era ahora, que se despertara y volviera a ser la de antes.
—Katiusha ¿por qué me hablas as� Si yo te conozco, te recuerdo entonces, en Pánovo…
—¿Para qué recordar lo pasado? —exclamó con sequedad.
—Lo recuerdo para borrar, para redimir mi culpa. Katiusha —empezó y querÃa decirle que se casarÃa con ella, pero tropezó con su mirada. Leyó en ella algo tan extraño y grosero, tan repulsivo, que no pudo hablar.
En ese momento los visitantes empezaron a salir. El carcelero se acercó a Nejliúdov y le dijo que el tiempo de la entrevista habÃa terminado. Máslova se puso en pie, y esperó sumisa a que la dejara marchar.
—Adiós, tengo que decirle todavÃa muchas cosas, pero ya ve usted que ahora no puede ser —dijo Nejliúdov y le estrechó la mano—. Volveré otra vez.
—Me parece que ya lo ha dicho todo.
Le dio la mano, pero no la estrechó.