Resurrección
Resurrección Korabliova, Joroshavka, Fedosia y Máslova, permanecÃan sentadas en su rincón, con los rostros encendidos y muy animadas —ya habÃan bebido vodka, que ahora no le faltaba a Máslova y con el que generosamente obsequiaba a sus compañeras—, bebÃan té y hablaban de lo mismo.
—¿Acaso es un alborotador? —decÃa Korabliova refiriéndose a VasÃliev, mientras mordÃa un trocito de azúcar con sus fuertes dientes—. No ha hecho más que salir en defensa de un compañero. Por eso no se puede pegar hoy dÃa.
—Dicen que es un muchacho agradable y bueno —añadió Fedosia, que no llevaba pañuelo en la cabeza y lucÃa sus largas trenzas, sentada en un tronco frente al catre donde estaba la tetera.
—HabrÃa que decÃrselo a él, Mijáilovna —dijo la guardabarrera, dirigiéndose a Máslova y designando con el pronombre «él» a Nejliúdov.
—Se lo diré. Hará por mà lo que sea —contestó Máslova, sonriendo y sacudiendo la cabeza.
—SÃ, pero ¿cuándo va a venir? Y esta gente, según dicen, ya ha ido a buscarlos —dijo Fedosia—. Es horrible —añadió con un suspiro.
—En cierta ocasión he visto cómo azotaban a un campesino en la comisarÃa. Mi suegro me habÃa mandado al sargento y cuando llegué… —la guardabarrera empezó a contar una larga historia.