Resurrección
Resurrección Su relato fue interrumpido por voces y pasos en el corredor de arriba.
Las mujeres guardaron silencio y se pusieron a escuchar.
—Ya los llevan, malditos demonios —dijo Joroshavka—. Les van a dar la paliza ahora. Le odian los carceleros, porque no les pasa ni una.
Arriba se hizo el silencio, y la guardabarrera terminó de contar su historia del susto que se habÃa llevado en la comisarÃa cuando vio allà cómo azotaban en la cuadra a un campesino, y cómo se le revolvieron las tripas al verlo. Joroshavka contó cómo habÃan azotado a Sheglov con unos vergajos, y ni siquiera se oyó su voz. Luego Fedosia quitó la tetera y Korabliova y la guardabarrera se pusieron a coser, mientras Máslova, sentada en el catre, se sujetaba las rodillas, entristecida por el aburrimiento. Se disponÃa a echarse a dormir un poco, cuando la llamó la carcelera para que se presentase en la oficina, donde tenÃa una visita.