Resurrección
Resurrección Nejliúdov permanecÃa en pie junto a ella, sin saber qué hacer.
—No me crees —dijo.
—¿Que se quiere usted casar conmigo? Eso no ocurrirá nunca. Antes me ahorco. Entérese.
—De todos modos, quiero ayudarte.
—Bueno, eso es asunto suyo. Pero yo no necesito nada de usted. Eso, se lo aseguro —dijo—. ¿Por qué no me morirÃa entonces? —añadió y se echó a llorar quejumbrosamente.
Nejliúdov no podÃa hablar, sus lágrimas se le habÃan contagiado.
Levantó los ojos, le miró y como sorprendida empezó a secarse con el pañuelo de la cabeza las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.
El carcelero se acercó otra vez y les recordó que la entrevista habÃa terminado. Máslova se puso en pie.
—Ahora está usted excitada. Si puedo, vendré mañana. Piense lo que le he dicho —concluyó Nejliúdov.
No contestó y, sin mirarle, salió detrás del carcelero.
* * *
—Bueno, ahora sà que te vas a dar una buena vida —decÃa Korabliova, cuando regresó a la sala—, se ve que está loco por ti. No te descuides mientras viene a verte. Te sacará. Los ricos lo pueden todo.