Resurrección
Resurrección —Asà es —decÃa la guardabarrera con voz cantarina—. Al pobre todo se le vuelven problemas; al rico, basta que se le antoje una cosa, la desee, y ya la tiene. HabÃa en mi pueblo uno que…
—¿Le has dicho lo mÃo? —preguntó la vieja.
Pero Máslova no contestaba a sus compañeras, se echó sobre el catre y con los ojos bizcos fijos en el rincón, permaneció asà hasta la noche. Su alma se enfrentaba a un duro tormento. Lo que le habÃa dicho Nejliúdov la retrotraÃa a aquel mundo en que habÃa sufrido y del que se habÃa marchado, sin haberlo comprendido, y odiándolo. Ahora habÃa perdido aquel estado de inconsciencia en que estaba viviendo, y tener la plena conciencia de lo sucedido era vivir demasiado dolorosamente. Por la noche volvió a comprar vino, y se emborrachó junto con sus compañeras.