Resurrección
Resurrección —Aquà está, Vera Efrémova, habla con él —dijo la vieja mujer del dueño—. Es el prÃncipe en persona. Yo me marcho.
—¿En qué le puedo servir? —preguntó Nejliúdov.
—Yo… yo… comprenda, usted es rico, tira el dinero en cosas sin importancia, en cacerÃas… Lo sé —empezó a decir la muchacha turbándose mucho—; yo lo único que quiero es ser útil a la gente, y no puedo hacerlo porque no sé nada.
Sus ojos eran sinceros, bondadosos, y toda su expresión, decisión y timidez resultaban tan conmovedoras que Nejliúdov —como le ocurrÃa a veces— la comprendió y se compadeció.
—¿Qué es lo que puedo hacer?
—Soy maestra. Quisiera ingresar en la Universidad, pero no me dejan. No es que no me dejen, me dejan, pero hacen falta medios. Deme algún dinero, y cuando termine los estudios se lo devolveré. Los ricos matan osos, emborrachan a los campesinos… y eso está mal. ¿Por qué no pueden hacer algo bueno? NecesitarÃa solamente ochenta rublos. Si no me los quiere dar, no importa —añadió con enfado.
—Al contrario, le estoy muy agradecido de que me haya usted dado la ocasión… Ahora mismo se los traigo —dijo Nejliúdov.