Resurrección
Resurrección Nejliúdov recordaba todo esto y, en particular, el feliz sentimiento de encontrarse sano, fuerte y despreocupado. Cómo, envuelto en su pelliza, respirando el aire helado, la nieve le caía en la cara desde las ramas que golpeaba el arco del trineo; el cuerpo caliente, la cara fresca y en el alma ni preocupaciones, reproches, temores, ni recuerdos. ¡Qué bien estaba! ¿Y ahora? ¡Dios mío, qué penoso y difícil era todo!
Sin duda Vera Efrémova era una revolucionaria y ahora, por sus ideas, estaba en la cárcel. Había que verla, sobre todo, porque había prometido revelarle cómo podría mejorar la situación de Máslova.